Nací en España, aunque a los tres años mis padres emigraron a Francia, país en el que viví durante cuarenta años. Desde muy joven sentí una profunda atracción por la espiritualidad, la búsqueda interior y el sentido profundo de la existencia.
Como muchas otras personas en el camino espiritual, durante años fui acumulando conocimientos a través de lecturas, enseñanzas y experiencias, aunque con el tiempo comprendí que la verdadera transformación no nace solo del saber, sino de la integración profunda y de la práctica vivida desde el corazón.
Mis primeras lecturas espirituales comenzaron con Lobsang Rampa, y continuaron con autores como Daniel Meurois, Baird T. Spalding, Neale Donald Walsch, Paul Ferrini, Paramahansa Yogananda, Raymond Moody, Elisabeth Kübler-Ross, Patrice Van Eersel, Khalil Gibran, Judith Henry y muchos otros. Paralelamente, me interesé también por el desarrollo personal a través de autores como Christian Godefroy, Kurt Tepperwein, Joseph Murphy, Shakti Gawain y Louise L. Hay.
Con el tiempo, sentí la necesidad de detener ese “almacenamiento” de conocimiento espiritual para entrar en una etapa más sencilla y esencial: simplemente ser, escuchar mi corazón y vivir la espiritualidad de forma más encarnada. Formé parte de la Orden Rosacruz a los veinte años, participé en la creación de un grupo de oración inspirado en Maguy Lebrun en Chartres, me formé en Reiki y, desde hace algunos años, también lo enseño. Asimismo, practiqué karate y lo enseñé durante varios años, integrando disciplina, presencia y conciencia corporal.
En 2009 me inscribí en la formación de terapias esenias y egipcias que Marie Johanne Croteau y Daniel Meurois estaban preparando. Aunque de algún modo ya sentía una profunda afinidad con estos cuidados, aquella formación marcó un verdadero punto de inflexión en mi vida. Allí encontré una familia de alma, personas maravillosas a las que aprecio profundamente, y una vía de sanación energética y espiritual que resonaba plenamente con mi camino interior.
Las terapias esenias y egipcias me permitieron unir la espiritualidad, el trabajo energético, la presencia del corazón y el acompañamiento del ser humano en todas sus dimensiones: física, emocional, energética, anímica y espiritual. A través de estos cuidados esenios, descubrí una forma profunda y sagrada de acompañar los procesos de armonización, transformación interior y despertar de la conciencia.
Hoy tengo la alegría y el honor de colaborar con Marie Johanne Croteau y Daniel Meurois en la enseñanza de los cuidados esenios, compartiendo esta tradición terapéutica con respeto, gratitud y compromiso, al servicio de quienes sienten la llamada de este camino de sanación, conciencia y reconexión con el alma.


