Desde muy pequeña he sentido la Vida vibrando en todos los seres y en todas las cosas: desde la piedra más sencilla hasta las estrellas que brillan en el firmamento, desde la humilde hormiga hasta el roble más majestuoso. Siempre ha existido en mí una percepción natural de unión y comunión con todo lo creado, una forma de sentir la existencia que nunca busqué, pero que siempre me acompañó.
Podía percibir que la salud, en su sentido más profundo, es el estado natural de aquello que permanece en armonía con su esencia, en contacto con su pureza original y con el equilibrio sagrado de la Vida.
Años más tarde, movida por el deseo de comprender la desarmonía, el sufrimiento y la enfermedad desde una mirada más amplia, descubrí los libros de Daniel Meurois. De pronto, algo en sus palabras me hablaba íntimamente. Era como si una voz muy antigua, lejana y familiar al mismo tiempo, despertara en mi interior.
Las terapias esenias y egipcias llegaron entonces a mi camino como una respuesta profunda, una vía de sanación energética y espiritual que me permitió comprender al ser humano desde una dimensión más completa: cuerpo, alma, espíritu, conciencia y memoria profunda.
Tras estos tres años de formación, sé con certeza hacia dónde me ha conducido este camino: hacia una mayor pacificación interior, hacia una comprensión más luminosa de la existencia y hacia el encuentro con una realidad más amplia, sagrada y viva.
Que estos cuidados esenios y egipcios, y la Fuerza de Sanación que los inspira, puedan ser transmitidos a través de mis manos como un instrumento de armonización, comprensión e integración profunda de quienes somos en realidad.

